El huracán lanzó por primera vez su advertencia, venía en categoría 2, por eso ella no se asustó cuando encendieron las alarmas.
Era un momento pacífico para ella, inició su paseo matutino como todos los días, verificó que todo estuviera en su lugar: el parque, la panadería, la guardería, el cine, su restaurante favorito y el museo, apreciaba todos esos detalles que componían su estilo de vida.
Era muy lindo todo lo que veía, lo había construido con mucho esfuerzo y se sentía orgullosa, la muralla siempre había estado ahí desde que tenía uso de razón, pero sus árboles crecían cada vez más frondosos e imponentes, sus calles eran iluminadas y llenas de colores, era enorme y sólo para ella, con todo lo que quería.
El viento empezó a arreciar en la orilla y la desconcentró, era maravilloso ver como movía las cosas que nunca se habían movido, cómo iba adentrándose desde el horizonte mientras los árboles emitían silbidos incesantes y rítmicos, cada vez más sonoros. No sentía miedo, pues la muralla de la ciudad aún intacta seguía firme ante las inclemencias del tiempo, finalmente ya conocía el paso de esos huracanes y lo bien que estaba protegida.
El huracán cambió de categoría sin que ella lo notara, pasó de moderado a extremo y se empezó a abrir paso a través de los muros, poco a poco fue destruyendo una a una las barreras ante su mirada atónita, se asustó, pero no huyó (siempre lo hace), siguió observando como su lugar amado se encontraba cada vez más expuesto.
Sólo quedaban los últimos vestigios de la muralla cuando el viento comenzó a ceder hasta desaparecer por completo. Tenía mucho miedo, salió de su escondite y corrió a evaluar los daños.
Muchos lugares estaban bastante golpeados pero seguían firmes, mientras que la muralla fue completamente destruida. Se sintió vulnerable, triste y desubicada, lloraba su pérdida.
Suavemente y en medio de sus lágrimas levantó la mirada, era la primera vez que lograba ver el exterior, más brillante que nunca, de un color azul intenso que se extendía hasta el infinito, era hermoso y complementaba todo el lugar.
Si, había estragos, nunca había estado tan expuesta pero era maravilloso, todo era ahora diferente.
19 sept 2018
17 jun 2018
ANALOGÍA
Ella era una mujer hermosa, llena de vida, de riqueza y de sueños. Su piel era hermosa, desde su plano vientre hasta las grandes curvas que la rodeaban, una mujer envidiada por todo lo que ella misma tenía y era.
Una vez empezó a enfermar y empezó a perder la fe en si misma, justo así, debilitada, conoció a quién pensaría que sería su héroe. Era diferente, fuerte, siempre sabía qué decir y la endulzó con las más hermosas palabras. Ella nunca había conocido a alguien así y se enamoró perdidamente.
Él le puso nombre a su enfermedad y le dijo que le ayudaría que sólo debía confiar.
Ella, de su mano y enamorada ciegamente se entregó a un tratamiento devastador en donde él la lastimaba enormemente, pasando incluso por encima de ella. Cuando lo confrontaba iniciaba a humillarla y a generarle miedo, le dijo que si lo dejaba su enfermedad la mataría.
La manipuló a tal punto que empezó a creerse débil y dependiente, destruyó su autoestima, ya no era tan hermosa, ni rica... Sus sueños empezaron a morir y se creyó enferma para siempre, sin ojos para darse cuenta que su enfermedad se estaba curando, pero que la estaba matando el tratamiento.
Él se acostumbró a lastimarla y ella a perdonarlo y a confiar en él, mientras lloraba amargamente largas noches teniendo miedo de querer algo diferente, algo mejor.
Ella intentó terminar su relación en tres oportunidades, pero ha vuelto a caer a sus pies, con un nudo en el pecho porque sabe y entiende que está mal pero su miedo es más grande. No le alcanza para soltar y dejar ir.
Hoy, por más vergüenza que sienta, eligió quedarse con él. Ella se llama Colombia.
Una vez empezó a enfermar y empezó a perder la fe en si misma, justo así, debilitada, conoció a quién pensaría que sería su héroe. Era diferente, fuerte, siempre sabía qué decir y la endulzó con las más hermosas palabras. Ella nunca había conocido a alguien así y se enamoró perdidamente.
Él le puso nombre a su enfermedad y le dijo que le ayudaría que sólo debía confiar.
Ella, de su mano y enamorada ciegamente se entregó a un tratamiento devastador en donde él la lastimaba enormemente, pasando incluso por encima de ella. Cuando lo confrontaba iniciaba a humillarla y a generarle miedo, le dijo que si lo dejaba su enfermedad la mataría.
La manipuló a tal punto que empezó a creerse débil y dependiente, destruyó su autoestima, ya no era tan hermosa, ni rica... Sus sueños empezaron a morir y se creyó enferma para siempre, sin ojos para darse cuenta que su enfermedad se estaba curando, pero que la estaba matando el tratamiento.
Él se acostumbró a lastimarla y ella a perdonarlo y a confiar en él, mientras lloraba amargamente largas noches teniendo miedo de querer algo diferente, algo mejor.
Ella intentó terminar su relación en tres oportunidades, pero ha vuelto a caer a sus pies, con un nudo en el pecho porque sabe y entiende que está mal pero su miedo es más grande. No le alcanza para soltar y dejar ir.
Hoy, por más vergüenza que sienta, eligió quedarse con él. Ella se llama Colombia.
6 abr 2018
HOLA SOLEDAD!
Vivir sola, qué experiencia tan grata ha sido esto.
Si, yo sé: que eso lo sabe todo el mundo, que quién me manda a demorarme en independizarme, qué no hay nada como el hotel mamá, qué ahora si va a saber que son las responsabilidades, que como así que irse de la casa sin casarse, que si no le da miedo vivir solita, en fin, un consecutivo de frases que todos en un momento u otro hemos escuchado cuando pensamos en la independencia o en dejar del nido.
Yo no sentí miedo, sentí mucha emoción puesto que dejaba de ser un sueño en papel para convertirse en una realidad: en patrimonio. Mi meta siempre fue nunca pagarle arriendo a nadie y eso logré, paso a paso.
Hoy, seis meses después de dar ese gran paso, puedo decir qué:
Si, yo sé: que eso lo sabe todo el mundo, que quién me manda a demorarme en independizarme, qué no hay nada como el hotel mamá, qué ahora si va a saber que son las responsabilidades, que como así que irse de la casa sin casarse, que si no le da miedo vivir solita, en fin, un consecutivo de frases que todos en un momento u otro hemos escuchado cuando pensamos en la independencia o en dejar del nido.
Yo no sentí miedo, sentí mucha emoción puesto que dejaba de ser un sueño en papel para convertirse en una realidad: en patrimonio. Mi meta siempre fue nunca pagarle arriendo a nadie y eso logré, paso a paso.
Hoy, seis meses después de dar ese gran paso, puedo decir qué:
- Cómo camino, cocino y me como hasta el pegao'.
- Es muy divertido inventarse recetas con lo que queda en la nevera.
- No hay felicidad más grande que encontrar donde comprar huevos a buen precio.
- Luego de la experiencia de mi hermano, puedo decir que mi "tasa de desperdicio" en el mercado ha sido muy bajita.
- Es cero divertido tener que organizar la basura para llevarla hasta el UTB.
- Ya no me da pena que los porteros sepan a que hora salgo y llego (jamás había tenido servicio de portería).
- Tampoco es chévere decidir entre si pagar el internet y el gas o salir a comer rico.
- Se me despertó un amor extraño por las plantas, ya tengo 13 y contando (siempre tengo la sensación de que me consienten cuando me regalan flores).
- No extraño la parabólica y muy poco uso el TV.
- Voy al baño con la puerta abierta (y qué?).
- Me encanta sentarme en el balcón con una Club negra y papitas de limón.
- Soy feliz recibiendo visitas, me gusta ser anfitriona, cocinar, tener música y divertirme.
- Aún utilizo la piscina de la unidad, espero que no se me vuelva parte del paisaje.
- Yo misma tengo que resolver las cosas que daño.
- La loza sucia se reproduce SIEMPRE.
- Me he inundado 3 veces por dejar la ventana abierta (al fin aprendí a cerrarla (?)).
- Ya no me pica la casa.
- Aprendí a convivir con los ruidos que hace la nevera sin asustarme.
- Tengo gustos ñoños: Leo, pinto mandalas o hago sudokus por las noches.
- La relación con la familia mejora, indudablemente! Más apoyo, más tiempo de calidad, más expresiones de amor.
- Extraño que el perro me salude en la cama los sábados, el desayuno charlado con mi papá y el arrunche con mi mamá, pero aún puedo hacerlo a veces.
- Es super difícil aprender a diferenciar los términos de "Mi casa" y "la casa de mis papás".
- Mi espacio, mi pedacito de aire, me llena de orgullo y me hace feliz.
En fin, no hay cómo consignar todas esas sensaciones que te produce este cambio, aunque estoy segura de que no soy la única que las ha sentido. Por eso valía la pena exaltarlas aprovechando este cierre de medio año, no sé aún que me deparará el futuro a partir de hoy, sólo sé que lo estoy viviendo!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)