REMEMBRANZA...

En una de aquellas noches pensativas, recorrió uno a uno sus viejos escritos. Cada uno de ellos la llevó a una etapa diferente de su vida. Momentos de anhelos, de sueños, de buenas vibras, de tristezas y frustraciones.

Con cada lectura su actitud cambiaba asumiendo el momentum que estaba leyendo, por ende se sintió feliz cuando recordó su felicidad y se sintió triste y con rabia, cuando recordó sus frustraciones. Pensó que su vida se parecía a una montaña rusa, llena de cambios y posiciones que fue asumiendo de acuerdo a lo que conocía de sí misma, demasiadas caídas.

Era sorprendente recordar cómo muchas veces lloraba a mares mientras escribía esas viejas palabras que ahora leía tan lejanas, las leyó y se permitió por un momento sentirlo una vez más, soltó algunas lágrimas.

Fueron momentos de caos en donde su vida no salía como lo esperaba, donde las puertas se cerraron, personas no la valoraron (ni siquiera ella misma) era una niña enojada consigo misma y muchas veces cruel. Se culpó tantas veces de cosas que no le correspondían que sufría demasiado, siempre quiso ser perfecta pero basó su perfección en las opiniones que la rodeaban.

Cuando la ví en ese estado, me acerqué, la abracé y la consentí.

Ella lloró más, seguía culpándose: No hice lo suficiente, No fui lo suficiente, No tomé decisiones a tiempo, No paré las cosas a tiempo, No evalué pros y contras. 

Era demasiado dura consigo misma pero la dejé desahogarse.

Cuando sus lágrimas pararon empecé a contarle cómo cada uno de esos momentos le enseñarían algo, cada desilusión que sintió que tuvo traería un regalo para su vida, cada persona que había llegado le enseñaría una nueva perspectiva de vida, le mostré todas las capas que se podía ir quitando de encima, cuántos velos se podía retirar de los ojos, lo alto que podía llegar y lo bien acompañada que estaría.

Me miró extrañada e incrédula. Eso es imposible! y sólo atinaba a reírse de ese futuro que le pintaba. Envuelta en su venda de caos, merecer algo mejor era una broma para ella, pensaba que todos debían pagar por su sufrimiento, que todos eran culpables y que a ella no le podían "hacer" eso. 

La miré de nuevo y respiré profundo... por ahora no lo entendería y la consentí una vez más, sabía perfectamente que eso era lo único que necesitaba. 

Conocía perfectamente su camino: sus heridas sanarían, crecería como persona, con certeza sabía cuáles serían sus logros, e incluso sabía que no acabaría ahí, que iba a seguir subiendo, así que la dejé vivir su tristeza y amargura.

Poco a poco y suavemente fui regresando a mi actualidad, agradeciéndole que se permitió vivirlo todo, lo bueno y lo malo y que gracias a ella, hoy soy quien soy.

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UN DOS TRES...

Ella era auténtica y un tanto cícilica, quienes lograban conocerla entendían a la perfección cuál sería su estado sólo al verla, como si la conocieran desde lo más profundo de su ser.

Merodeaba todas las noches con dulzura, dejando a su paso suspiros, anhelos, deseos y sueños. Para muchos era difícil resistirse ante su presencia, hasta los más esquivos tenían un momento para observarla pasar.

Algunas veces se dejaba cubrir con un velo mientras recorría sus pasos sin cesar, una danza que ella conocía de siempre, desde que tenía uso de razón, un dos tres, un dos tres, un dos tres era el repicar del movimiento.

Otras veces, salía a caminar en puntillas con su traje oscuro, casi imperceptible, furtiva y ensimismada, continuaba su danza sólo para ella, para si misma, disfrutando desde su suave mirada el paisaje que la ignora, es divertido que no la vean, aunque sabe muy bien que se hace sentir. Cada uno de ellos sentiría su atracción constante en cada partícula de agua remanente en sus cuerpos, siempre había sido así, eso la divertía y la llevaba a sonreir pícaramente: esas sonrisas como de película.

Un dos tres, un dos tres, un dos tres...

Esa noche salió sin misterios, se dejó ver como era: hermosa, completa, brillante... Su danza podía ser vista por todos quienes la observaban con una leve obsesión, todos se rendían a su paso y ella sabía muy bien que era magnética e imponente. 

Un dos tres, un dos tres, un dos tres...

Recibió halagos, amores, cartas y poemas. Provocó suspiros, sueños y propuestas. Era ella, la misma que danzaba en la oscuridad y en la luz, siempre presente, siempre bella.

Ella hoy era la Luna y estaba Llena.

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HURACÁN...

El huracán lanzó por primera vez su advertencia, venía en categoría 2, por eso ella no se asustó cuando encendieron las alarmas. 

Era un momento pacífico para ella, inició su paseo matutino como todos los días, verificó que todo estuviera en su lugar: el parque, la panadería, la guardería, el cine, su restaurante favorito y el museo, apreciaba todos esos detalles que componían su estilo de vida.

Era muy lindo todo lo que veía, lo había construido con mucho esfuerzo y se sentía orgullosa, la muralla siempre había estado ahí desde que tenía uso de razón, pero sus árboles crecían cada vez más frondosos e imponentes, sus calles eran iluminadas y llenas de colores, era enorme y sólo para ella, con todo lo que quería.

El viento empezó a arreciar en la orilla y la desconcentró, era maravilloso ver como movía las cosas que nunca se habían movido, cómo iba adentrándose desde el horizonte mientras los árboles emitían silbidos incesantes y rítmicos, cada vez más sonoros. No sentía miedo, pues la muralla de la ciudad aún intacta seguía firme ante las inclemencias del tiempo, finalmente ya conocía el paso de esos huracanes y lo bien que estaba protegida.

El huracán cambió de categoría sin que ella lo notara, pasó de moderado a extremo y se empezó a abrir paso a través de los muros, poco a poco fue destruyendo una a una las barreras ante su mirada atónita, se asustó, pero no huyó (siempre lo hace), siguió observando como su lugar amado se encontraba cada vez más expuesto. 

Sólo quedaban los últimos vestigios de la muralla cuando el viento comenzó a ceder hasta desaparecer por completo. Tenía mucho miedo, salió de su escondite y corrió a evaluar los daños. 

Muchos lugares estaban bastante golpeados pero seguían firmes, mientras que la muralla fue completamente destruida. Se sintió vulnerable, triste y desubicada, lloraba su pérdida.

Suavemente y en medio de sus lágrimas levantó la mirada, era la primera vez que lograba ver el exterior, más brillante que nunca, de un color azul intenso que se extendía hasta el infinito, era hermoso y complementaba todo el lugar.

Si, había estragos, nunca había estado tan expuesta pero era maravilloso, todo era ahora diferente.

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Aqui pueden encontrar la forma particular en la que miro todo a mi alrededor, no lo considero un diario, tan sólo la perspectiva un tanto misteriosa de esta niña risueña que pareciera que siempre busca la forma de conquistar el mundo....

. . . . . Muahahaha!!! . . . . .

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