UN DOS TRES...

Ella era auténtica y un tanto cícilica, quienes lograban conocerla entendían a la perfección cuál sería su estado sólo al verla, como si la conocieran desde lo más profundo de su ser.

Merodeaba todas las noches con dulzura, dejando a su paso suspiros, anhelos, deseos y sueños. Para muchos era difícil resistirse ante su presencia, hasta los más esquivos tenían un momento para observarla pasar.

Algunas veces se dejaba cubrir con un velo mientras recorría sus pasos sin cesar, una danza que ella conocía de siempre, desde que tenía uso de razón, un dos tres, un dos tres, un dos tres era el repicar del movimiento.

Otras veces, salía a caminar en puntillas con su traje oscuro, casi imperceptible, furtiva y ensimismada, continuaba su danza sólo para ella, para si misma, disfrutando desde su suave mirada el paisaje que la ignora, es divertido que no la vean, aunque sabe muy bien que se hace sentir. Cada uno de ellos sentiría su atracción constante en cada partícula de agua remanente en sus cuerpos, siempre había sido así, eso la divertía y la llevaba a sonreir pícaramente: esas sonrisas como de película.

Un dos tres, un dos tres, un dos tres...

Esa noche salió sin misterios, se dejó ver como era: hermosa, completa, brillante... Su danza podía ser vista por todos quienes la observaban con una leve obsesión, todos se rendían a su paso y ella sabía muy bien que era magnética e imponente. 

Un dos tres, un dos tres, un dos tres...

Recibió halagos, amores, cartas y poemas. Provocó suspiros, sueños y propuestas. Era ella, la misma que danzaba en la oscuridad y en la luz, siempre presente, siempre bella.

Ella hoy era la Luna y estaba Llena.

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HURACÁN...

El huracán lanzó por primera vez su advertencia, venía en categoría 2, por eso ella no se asustó cuando encendieron las alarmas. 

Era un momento pacífico para ella, inició su paseo matutino como todos los días, verificó que todo estuviera en su lugar: el parque, la panadería, la guardería, el cine, su restaurante favorito y el museo, apreciaba todos esos detalles que componían su estilo de vida.

Era muy lindo todo lo que veía, lo había construido con mucho esfuerzo y se sentía orgullosa, la muralla siempre había estado ahí desde que tenía uso de razón, pero sus árboles crecían cada vez más frondosos e imponentes, sus calles eran iluminadas y llenas de colores, era enorme y sólo para ella, con todo lo que quería.

El viento empezó a arreciar en la orilla y la desconcentró, era maravilloso ver como movía las cosas que nunca se habían movido, cómo iba adentrándose desde el horizonte mientras los árboles emitían silbidos incesantes y rítmicos, cada vez más sonoros. No sentía miedo, pues la muralla de la ciudad aún intacta seguía firme ante las inclemencias del tiempo, finalmente ya conocía el paso de esos huracanes y lo bien que estaba protegida.

El huracán cambió de categoría sin que ella lo notara, pasó de moderado a extremo y se empezó a abrir paso a través de los muros, poco a poco fue destruyendo una a una las barreras ante su mirada atónita, se asustó, pero no huyó (siempre lo hace), siguió observando como su lugar amado se encontraba cada vez más expuesto. 

Sólo quedaban los últimos vestigios de la muralla cuando el viento comenzó a ceder hasta desaparecer por completo. Tenía mucho miedo, salió de su escondite y corrió a evaluar los daños. 

Muchos lugares estaban bastante golpeados pero seguían firmes, mientras que la muralla fue completamente destruida. Se sintió vulnerable, triste y desubicada, lloraba su pérdida.

Suavemente y en medio de sus lágrimas levantó la mirada, era la primera vez que lograba ver el exterior, más brillante que nunca, de un color azul intenso que se extendía hasta el infinito, era hermoso y complementaba todo el lugar.

Si, había estragos, nunca había estado tan expuesta pero era maravilloso, todo era ahora diferente.

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ANALOGÍA

Ella era una mujer hermosa, llena de vida, de riqueza y de sueños. Su piel era hermosa, desde su plano vientre hasta las grandes curvas que la rodeaban, una mujer envidiada por todo lo que ella misma tenía y era.

Una vez empezó a enfermar y empezó a perder la fe en si misma, justo así, debilitada, conoció a quién pensaría que sería su héroe. Era diferente, fuerte, siempre sabía qué decir y la endulzó con las más hermosas palabras. Ella nunca había conocido a alguien así y se enamoró perdidamente.

Él le puso nombre a su enfermedad y le dijo que le ayudaría que sólo debía confiar.

Ella, de su mano y enamorada ciegamente se entregó a un tratamiento devastador en donde él la lastimaba enormemente, pasando incluso por encima de ella. Cuando lo confrontaba iniciaba a humillarla y a generarle miedo, le dijo que si lo dejaba su enfermedad la mataría. 

La manipuló a tal punto que empezó a creerse débil y dependiente, destruyó su autoestima, ya no era tan hermosa, ni rica... Sus sueños empezaron a morir y se creyó enferma para siempre, sin ojos para darse cuenta que su enfermedad se estaba curando, pero que la estaba matando el tratamiento.

Él se acostumbró a lastimarla y ella a perdonarlo y a confiar en él, mientras lloraba amargamente largas noches teniendo miedo de querer algo diferente, algo mejor.

Ella intentó terminar su relación en tres oportunidades, pero ha vuelto a caer a sus pies, con un nudo en el pecho porque sabe y entiende que está mal pero su miedo es más grande. No le alcanza para soltar y dejar ir. 

Hoy, por más vergüenza que sienta, eligió quedarse con él. Ella se llama Colombia.

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Aqui pueden encontrar la forma particular en la que miro todo a mi alrededor, no lo considero un diario, tan sólo la perspectiva un tanto misteriosa de esta niña risueña que pareciera que siempre busca la forma de conquistar el mundo....

. . . . . Muahahaha!!! . . . . .

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