OBRA BLANCA...

Es extraño como las nuevas rutinas se van convirtiendo en hábitos, desde que vivo lejos he aprendido a regalarme 30 minutos al día para pensar: en todo, en mucho, en nada...

Cada día me regala un espacio en el cual puedo ponerme en piloto automático y analizar un poco de lo que pasa cada día, de sencillamente vivir un poco ese presente que a veces asusta más que el mismo futuro o pasado. Poder tener la habilidad de decidirse a admirar un buen paisaje, sonreir viendo los gatos en los tejados, apreciar las aves de diferentes colores surcando el cielo, las gotas de lluvia, el sol, los arcoiris y la gente.

Otras veces piensas en quién eres tu, qué quieres y para donde vas, alistando motores para una siguiente aventura, aceptar un nuevo reto o inventarte una nueva manera de hacer las cosas.

Otras veces tienes todas las herramientas para sencillamente admitir que muchas veces sientes miedo, y no es un miedo como el de las películas de terror, sino que son esos miedos que tienes dentro, que son parte del día a día y con los que debes convivir a diario.

Puedo decir abiertamente que en muchas ocasiones no soy gentil conmigo misma, que soy mi más fuerte crítica y mi más hiriente contendora, que realmente me exijo cada día ser Alguien, si, en mayúscula porque dicen que así es que "vale".

Esos minutos de reflexión me ponen en perspectiva, me doy látigo, me premio, me empodero, me frustro, me animo... infinidad de sensaciones que me componen y me obligan a conocerme mejor. 

Minutos que ya se han convertido en una suma de horas que poco a poco van cambiando el mundo, no porque este cambie, sino porque hay otros ojos para mirarlo.

Un tiempo para explorar, conocer, conectar, amar y expandir conciencia, una construcción permanente, tal vez con un aviso en la entrada que dice "Siga, con precaución".

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LA ARTISTA

El arte no era su fuerte, lo había ejercido desde hace muy poco y aún le faltaba un poco de creatividad.

Entró a aquella pequeña gruta que la esperaba, la zona de trabajo era pequeña y algo incómoda, y como siempre no sabía muy bien por donde empezar.

Buscó colores, quería hacer arte nuevo aunque empezó por el viejo y conocido café. Se adentró en las frías profundidades para encontrar algo que le llamara la atención, se decidió por el amarillo, el verde y el rojo, una fórmula, de la cual no estaba muy segura pero que quiso intentar. Encontró el blanco y dijo para sí que podría ser una buena combinación.

Poco a poco lo fue mezclando, amarillo al fondo, verde por encima, rojo y blanco por aquí y allá, su obra de arte se iba complementando hasta que al fin se sintió satisfecha con el resultado.

Decidió comérsela y estaba deliciosa, su creatividad al fin daba frutos.

Es que una arepa con lechuga, tomate y queso, mezclados con mucho amor, pueden llegar a ser todo un arte.

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REFLEXIÓN

A veces cuesta un poco levantarse, es abrumadora la responsabilidad, el día a día, mantener el buen ánimo en las adversidades. En esos días la cama es un arrullo más y el silencio puede llegar a ser ensordecedor.

Todos hemos tenido un poco de estos días, pero su razón principal no es demoler lo que hemos logrado, sino aprender a encontrar su razón y motivación en las pequeñas cosas: alguna agradable lectura, una visita inesperada, ver el paisaje y disfrutar esos espacios de soledad.

Armonizarse e impregnar armonía al espacio que te rodea, personalizarlo, volverlo tranquilo y darse cuenta que realmente no necesitas mucho más, y que a veces tus decisiones, por más atrevidas, locas y tercas que sean, son una razón y la fuerza para apreciar cómo el universo y la vida pueden actuar de maneras insospechadas y acertadas.

Uno de esos días en los que desperté sin ganas, haciendo el checklist mañanero de mis responsabilidades me encontré con que esa armonía y esa vibra dan vida, que en medio de todo lo voy logrando y lo hago visible a través de estas pequeñas señales.

Nunca me sentí muy en la sintonía de ser "maternal" o especialmente ser "cuidadosa", siempre un poco tosca en el ser y el hacer, pero luego de algunos meses de ponerme a la tarea de sembrar, cuidar, regar, hablar y acariciar a mis compañías verdes, ellas, ese día, me regalaron su primera flor, para recordarme lo agradecidas y cómodas que están.

Un pequeño botón de flor que nace para decir que hay que seguir dejando la vida fluir, que me permita ser terca y atrevida, que las cosas llegarán y se darán como si fuera magia, un pequeño recorderis de que todo vale la pena.

Por eso sueña en grande, vive en grande, ama en grande, y nunca dejes de preguntarte ¿de qué tamaño es tu mundo?

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Aqui pueden encontrar la forma particular en la que miro todo a mi alrededor, no lo considero un diario, tan sólo la perspectiva un tanto misteriosa de esta niña risueña que pareciera que siempre busca la forma de conquistar el mundo....

. . . . . Muahahaha!!! . . . . .

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