Yo si definitivamente adoro mi ciudad pa que, aunque muchos de los días que salgo vivo peleando con las motos, los taxis, las busetas, las carretas y los ciclistas.
Es que manejar en Cali se convierte ahora en toda una proeza, con motos a lado y lado, las famosas carretas de escombros ubicadas en sitios estratégicos para formar trancas de muchísimos metros, las busetas en su común guerra del centavo y no falta el ciclista atravesado o en su defecto el perro o gato atravesado que lo obligan a uno a depositar centavitos de llanta en el pavimento, es que además de todo hay que sumar el cierre de vías por las obras del MIO (que por cierto estan al cuasi frente de mi casa y de las cuales ya detesto la mallita verde azul) que congestionan las vías alternas.
En estos momentos en los que uno ve el panorama un poco oscuro es que pude por fin notar la acción que representan los guardas víales, que con su silbato, su chaqueta y su gorra, aguantan sol todo el día para que uno no tenga que madrear tanto a la hora de recorrer la ciudad. Hay que considerarlos porque uno nunca los respeta pero realmente hacen que las cosas funcionen.
Hoy me quede tan aterrada cuando pasé por la glorieta de la calle 52, pasé la primera vez y un nudo con una tranca inmensa y a los 10 minutos que tenía que volver a pasar con toda la yoga preparada (para la tranca) resulta que ya había un guarda y pues sencillamente en un momentico pasé por el mismo sitio, en sólo 10 minutos arreglaron el problemita y eso que estaba lloviendo.
Así que porfa, cuando vean a alguna de estas personas ejerciendo su deber no le tire el madrazo ni el carro.
